Etica y Desarrollo Profesional

OBJETIVO ofrecer al estudiante universitario un espacio para la reflexión crítica y colectiva sobre las implicaciones que tienen los valores en todo lo que se estudia; para que asuma una postura comprometida ante su realidad; un espacio que promueva condiciones donde se desarrollen sus habilidades cognitivas, sociales y valorativas a fin de que les permita asumir la responsabilidad ética de sus acciones en los ámbitos individual, profesional y civil.

25 abril 2016

Identidad Ecológica





UNIDAD 4-Lectura 7

Identidad Ecológica

Castro, Ma. Luisa.
"Identidad ecológica" en Alteridades.
Año 1, núm. 2, 1991, pp.74-85.

 

La ecología, o el estudio de las interrelaciones del hombre con su medio orgánico e inorgánico, comprende también la complejidad de las relaciones humanas en cuanto a formas de vida fomentadoras del hombre y la armonía o, por el contrario, de agresión o desorden.

El término ecología proviene de la raíz griega oikos que significa casa, hogar. El problema de la identidad ecológica plantea que en nuestro mundo contemporáneo el sujeto ha perdido la experiencia de saber al universo como su casal donde todo va bien. Por el contrario, es común experimentar la ausencia de pertenecer a un todo vivo, sabio y organizado, que nos hace temer a la naturaleza y vivirla como capaz de destruirnos con sus manifestaciones agresivas e incontrolables: terremotos, desastres y contaminación. Es cierto que el acelerado proceso de industrialización ha generado una relación con la naturaleza sustentada en el exterminio y dominación de recursos, pero esta denuncia es insuficiente para plantear el problema de la conciencia-identidad ecológica como una responsabilidad que recae exclusivamente sobre aquellos que detentan el poder, por su incapacidad para detener las consecuencias nefastas al romperse el orden de sustancias de los organismos en el planeta.

El problema es más serio y nos compete a todos. Asisitimos a una generalizada ausencia de experiencias que permiten entender y atender nuestra pertenencia a un todo, y comprender que nuestra inteligencia está hecha precisamente para producir mayores niveles de integración e interdependencia en esa totalidad cósmica cuya conciencia somos nosotros mismos.

La batalla de los movimientos ecológicos en contra del exterminio y a favor de la salud en todos los aspectos: físico, biológico, sicológico, social, político, económico; se han limitado a insistir sobre el estado de emergencia en que vive la humanidad y a la búsqueda de protección del ambiente. Si bien lo anterior abre caminos de conciencia ecológica, no inicia la conformación de una identidad ecológica. En ello radica que la comunicación de los problemas sea bajo formas y actitudes morales y catastróficas. Se propone argumentos sobre la necesidad de pautas de equilibrio a partir del fenómeno del miedo y la culpa.

La identidad ecológica- además de una claridad sobre los peligros de violentar vidas, energéticos, producir contaminación en los sistemas acuáticos, terrestres o del aire-, surgen del reconocimiento individual o colectivo de que cada acción particular repercute en la totalidad del ecosistema que es la tierra, y que el término oikos es acertado para expresar la existencia de una sabiduría intrínseca dicha totalidad, que es importante saber escuchar.

Puede decirse que la conciencia de la identidad ecológica parte de la certeza de pertenecer a un todo orgánico, por lo que nuestra acciones tienen que regirse bajo el principio de no obstaculizar el libre curso de las fuerzas y energías presentes en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea.

La gestación de una identidad con un todo obliga al replanteamiento sobre la perspectiva dualista y fragmentadora con que el mundo occidental enfoca la realidad. La separación tajante entre el mundo material y el espiritual, el individuo concebido como irreconciliable con la sociedad, la división entre los proyecto propio y colectivo: todos, esquemas que obstaculizan una percepción unitaria de la realidad. Pueden mencionarse dos orígenes de ruptura con las vivencias de unidad:

. crisis de experiencia cotidianas.

. crisis epistemológicas del mecanismo reduccionista que ha ahondado la brecha que separa estratos de la realidad.

Respecto a la crisis cotidiana, estamos expuestos día con día a relaciones fragmentadas en la familia, en la educación, en el privilegio de la razón analítica.

En las formas de interrelación social que, en la búsqueda de poder, acrecienta procesos de institucionalización que fragmentan y homogenizan: se institucionaliza el saber, el amor, la creatividad, la producción. Medir y comparar son la brújula de las interrelaciones personales que nos alejan de experiencias de plenitud y de compromiso con nosotros mismos, con los seres humanos y con el universo en general.

Respecto a la crisis epistemológica, la ruptura más importante ha sido la separación entre cuerpo y espíritu que Descartes propuso una paradigma encaminando hacia la simplificación de la realidad a fines de acrecentar el eficientismo.

El poder, el centralismo en las medidas sociales, la burocratización en acciones, la situación del juego, y el gozo por el deber y el logro de las metas, la jerarquización como instrumento para mantener distancias: de un padre con su hijo, entre alumno y maestro, jefe y subordinado; todo esto es consecuencia de relaciones fragmentarias en una realidad de comportamientos cada vez más estrechos y limitados.

Desperdicio energético.

Una primera aproximación a la identidad ecológica significa definirla en términos de intimidad consigo mismo, con los que nos rodean y con la naturaleza. La intimidad se refiere a nuestra zona experimental en la que experimentamos al otro en uno mismo. Es una experiencia profunda donde se rompen límites y fronteras entre el Yo y el Tú, y es decir ahí que se comprende el flujo moroso de todo lo que existe. Es una experiencia de confianza básica que nos mueve al respecto y a la veneración, a la felicidad ocasionada por el privilegio de estar vivos.

Intimidad es fuerza y necesidad irresistible de comunicación y de crear, que se interrumpe cuando perdemos la certeza de pertenecer a esa realidad plena, y que fomenta la presencia de sentimientos como el dolor, el miedo, el resentimiento o el temor a la pérdida. Un insulto en la calle, discrepancia en el trabajo, el berrinche de un hijo que ante una frustración dice: "ya no te quiero". Los reclamos de un esposo insatisfecho que desea más de su conyuge. Los resentimientos de una mujer que esperaba "otra cosa" de su matrimonio. ¿Qué pasa con todo esto? Ojos inyectados de rabia, cuerpo rígido por espasmos en el estómago, rasgos de la cara endurecidos y miradas que "echan lumbre". Mareo, calentamiento de la cabeza, resequedad de la boca, manos crispadas y un dolor que acrecienta la sensación de vacío. Indignación, cólera, experiencia profunda de no ser querido, valorado, amado.

Es posible que experimentemos estas vivencias cotidianamente o con cierta frecuencia. Golpes a ego que detonan casi siempre con acciones intrascendentes, y que producen frustración intensa y sensación de impotencia por el incumplimiento de expectativas. Todo esto nos lleva a tomar conciencia de que nuestra identidad peligra y que lo que consideramos como "nuestra identidad" se desmorona.

Por el contrario, un abrazo, algunas palabras de comprensión a tiempo, una sonrisa, una caricia o una carcajada son una fuerza poderosísima para reintegrarnos en nuestra identidad.

Siegel85, médico especializado en oncología, nos refiere que los sentimientos de pérdida y represión son los antecedentes de la enfermedad, que no es otra cosa que la expresión de una pérdida de armonía del sujeto consigo mismo. La enfermedad es un síntoma que condensa el sentimiento de no ser dignamente querido, de no ser incondicionalmente amados.

Estamos sujetos a la pérdida de nosotros mismos desde que aplicamos energía para mantener una idea que previamente fabricamos sobre lo que somos y con la cual nos identificamos plenamente. Es decir, que la experiencia de una identidad integrada es una experiencia fugaz ya que el sentimiento de minusvalía por la desaprobación es algo que padecemos ya en forma temprana y que necesariamente nos lleva a la fragmentación de la identidad. No somos un Yo sino múltiples Yos: el colérico, el envidioso, el que ama, el que odia, el resentido, el grandioso:

. No obtendré dinero pero mi honradez es a prueba de fuego.

. Dices que he fallado pero te he dado todo lo que he podido.

. No me quieres porque no me consideras suficiente.

La identidad es un proceso que desgraciadamente, no se aprende a través de la vivencia de las acciones sino a través de que otros las nombre y las califique: eres malo, torpe, insoportable. Eres amable, querible, inteligente, hermoso; eres valioso porque te pareces a mí.

Desde que surgen en nuestros primeros atisbos de conciencia del propio Yo, construimos una serie de mitos personales sobre nuestro origen o sobre quienes somos: "gracias a mí mis padres se mantuvieron como pareja", "soy la oveja negra de la familia", "soy su solecito". El problema de estas definiciones- mitos que establecemos de nuestro propio Yo, es que nos identificamos con ellos. En este sentido, Ouspensky86 dice que la identificación con estos múltiples Yos es el principal obstáculo para la recuperación de uno mismo. Identificarnos con ese insulto, con esa experiencia de minusvalía, con la frase "ya no te quiero", con la insatisfacción, con la frustración, con ser el "solecito hermoso", es un proceso que capta toda nuestra atención y energía para mantener y defender ante nosotros mismo y ante los demás, un autoconcepto dignificante. Una idea de el Yo que finalmente resulta frágil para resistir aún el mismo embate.



85Siegel, Paz, amor y salud, Edivisión.
86Ouspensky, Fragmentos de una enseñanza desconocida, Ed. Hachette.



Reconstruir constantemente el concepto de "uno mismo", mantener la autoimagen de coherencia, lucidez, valía, etc. es un camino no sólo muy doloroso, sino también costoso al impedirnos producir, crear, amar. El obstáculo es tener que sostener como inmóviles nuestros gustos, nuestras ideas, nuestros afectos, nuestros valores.

Preservar la imagen que hemos creado de nosotros mismos es un proceso que suprime nuestra capacidad de intimidad, además de que constituye un proceso de inmolación, al ofrecer nuestras acciones a todos aquellos personajes de nuestro mundo interno, quienes nos definen de acuerdo con sus expectativas. Se espera siempre algo de los otros, y nos obligamos a apegarnos al logro de nuestras acciones.

La identidad es un ser en movimiento, es el movimiento del Ser. Es moverse para ser y ser para moverse. Este proceso es el de la construcción de nuestra identidad que pierde su valía de continuo movimiento y de aprendizaje en el momento de que esta construcción se reduce a reparar a ese Yo dañado por el deseo del "otro". Conectarnos con este deseo mantiene como inacabable la sensación de insatisfacción y de vacío.

Con esta sujeción al dolor, podemos aceptar y entender racionalmente la identidad ecológica como una experiencia de movimiento y de involucramiento con la naturaleza, y de vivencia de ser participes con un todo armónico. Sin embargo, la sujeción escrita nos aleja de ésta experiencia porque nuestra energía y nuestra percepción se encuentran dirigidas casi en su totalidad al mantenimiento del propio Yo.

Cuando la identidad con el mundo circundante es desde un Yo enfrentado a las dualidades Yo-Tú, sujeto-objeto, hombre-naturaleza, individuo-sociedad, la identidad con el otro se experimentará como todo lo que se parezca a mí que soy el centro. Sin embargo, en las ocasiones que nos permitimos abrir nuestros canales de comunicación y contacto, sabemos de la falsedad de las dualidades encontradas. O mejor dicho, que son ciertas en un nivel de percepción, pero falsas en una percepción más amplia, en la cual reconocemos, que las diferencias que enfrentamos no son los otros de uno mismo sino una diversidad de manifestación de lo mismo. La dualidad no es así un hecho original sino una manera de ver, es un juicio que hacemos de la diversidad, donde se considera al propio Yo como eje de observación. Esto imposibilita comprender la totalidad, aunque esta se encuentre en nosotros mismos.

Como sujetos pertenecientes al siglo XX, creemos que es con la experiencia del propio Yo que surgen de lo que llamamos "las principales tomas de conciencia" y que es desde este Yo diferenciando del Tú que comienza los movimientos de apropiación de una identidad. Para Morris Berman87 el concepto del Yo, tal como nos hemos acostrumbrado a utilizarlo, es un concepto que aparece apenas en el siglo XVI, momento en que surgen los comienzos de un individualismo y una sobrevaloración de las capacidades de descubrimiento y de conquista del hombre.

El egocentrismo no es sólo una actitud sicológica, fruto de las condiciones económicas, históricas, culturales, que han favorecido la sobrevaloración del potencial de las capacidades racionales del ser humano.. Es necesario incluir y reflexionar sobre las raíces epistemológicas de la exacerbación del individualismo, en contraposición con su entorno. Podría decirse que a partir del siglo XVI, en nuestra cultura occidental se dio un desfasamiento entre conocimientos adquiridos, con las capacidades emocionales internas del hombre para manejarlos. La tecnología permitió la entrada y exploración del maravilloso mundo del macro y microcosmos. Fueron experiencias emocionantes, difíciles de asimilar. La consecuencia fue privilegiar el Yo no como una manera de ser sino de percibir. El Yo como ángulo básico de comparación y comprensión reduccionista, condujo -entre otras cosas- a un problema de manejo de distancias.

La existencia de lo macro y la micro, a la vez que amplió horizontes, produjo desconcierto sobre el lugar del hombre en el cosmos.

En la vida cotidiana, cuando la distancia con que observamos un fenómeno es muy reducida, nos perdemos y es muy frecuente que no podamos ver otra cosa que lo que queremos, tenemos o creemos ver. La observación es una repetición, un eterno retorno de lo siempre igual: nuestro mundo interno. Cuando ponemos mayor distancia podemos percibir algo más que nuestros deseos o temores. Se afina y clarifica la observación y el fenómeno empieza a adquirir sus rasgos particulares, a la vez que se "miran" mejor las circunstancias del conjunto y el lugar que el sujeto ocupa en ese todo.

En el mismo sentido hay observaciones cuya gran distancia no permite "ver". El resultado es confusión, difusión, oscuridad, indiferenciación.

Esto que nos sucede en la vida cotidiana, también ocurre en el ámbito de la ciencia. Fritjof Capra88 en su libro El punto crucial hace una reflexión sobre este encapsulamiento cultural alrededor del ego. Nos propone que la crisis actual, antes que un problema de interpretación y de valoración del hombre circundante, es una crisis de percepción.

Percibir desde el predominio del Yo, también ha conducido a un desarrollo tecnológico que, en su búsqueda de claridad, ha tomado rumbos de alejamiento y de distancia con la totalidad integral de los eventos. Se ha perdido la visión interrelacionada entre: fenómenos, acciones y eventos que son una complejidad interactuante. Una totalidad que tiene referenciales de espacio y tiempo con ritmos muy distintos con los que una tecnología reduccionista se enfrenta a la realidad.

Esta falta de sincronía entre los tiempos, espacios y distancias naturales con los tiempos, espacio y distancias que la civilización actual impone, puede ejemplificarse con los avances de sistemas de transportación que nos permiten recorrer distancias grandes en tiempos cortos. Ello facilita la movilización, pero no así la asunción y asimilación de lo que significa un cambio especial. La velocidad de los cambios no concuerda con los tiempos internos necesarios para que el hombre no pierda su experiencia de pertenecer a una totalidad.

El confort y la comodidad son algunos de los regalos que nos ha brindado la tecnología, pero con ello también heredamos la exaltación del beneficio propio y de la autoafirmación.

Capra nos dice que vivimos en una cultura que nos enseña a percibir la realidad desde la óptica de la autoafirmación del Yo y no de la cooperación. Menciona que la autoafirmación y la cooperación son dos principios implícitos en todo cambio y que ambos interactúan en la evolución de los organismos vivos. Sin embargo, privilegiar la actualización de la dinámica autoafirmativa condena a un desequilibrio energético que conduce a formas de vida basadas en la competencia y la ley del más fuerte.

La autoafirmación como principio rector en las interacciones humanos ha sido una opción individual y grupal que nos ha llevado a romper los lazos de implicación que tenemos con nuestra memoria colectiva. Con el predominio del Yo, el colectivo como realidad ha pasado a ser un concepto vigente en nuestras relaciones. Sheldrake89 propone la existencia de lo que llama "campo mórfico" o memoria colectiva de los sistemas vivos que están presentes en el comportamiento de todo el sistema. Este campo mórfico es una unidad que permite la expresión de las características individuales; en ella la totalidad es una realidad presente en cada individualidad. Ejemplifica colonias de hongos que se comparten con sus características individuales, pero que, cuando el sistema en su conjunto se ve amenazado, se comporta como un todo. Esto es un ejemplo de la conciencia de los principios de autoafirmación y cooperación.

Cuando la autoafirmación tiene un predominio exagerado, la experiencia que el individuo tiene sobre su propia identidad es la de una estructura rígida cada vez más inflexible. Las relaciones interpersonales, nuestras capacidades amorosas, el dar y el recibir la entrega en nuestras acciones, etc., se van agotando cada vez más. La ausencia de calidad en las relaciones lleva a un lento pero creciente trastocamiento del encuentro con el otro, en un reconocimiento solipsista con el propio ego. Es al "otro" a quien se impone la función de ser un espejo fiel a los propios deseos, donde no tiene cabida la diferenciación por ser el universo de la repetición del "uno mismo".

Tenemos una noción parcial y muy limitada de la estructura. La identificamos como nuestra experiencia especial de la misma: es lo más sólido de una construcción. Lo estático, lo inamovible, la columna vertebral sobre la cual se construye algo. Esta visión de estructura resulta desafortunadamente para explicar lo que realmente sucede en nosotros y la naturaleza.

Lo que acontece en todo proceso de transformación es que la flexibilidad es la característica clave para expresar los cambios mutativos y de crecimiento en los organismos vivos. El grado de flexibilidad se detiene de acuerdo con las posibilidades de cooperación entre los miembros de un sistema y de los diversos sistemas entre sí. En contraposición, esa autoafirmación conduce a un incremento del espíritu competitivo que no deja avanzar al sistema en su conjunto, y cuya finalidad es la jerarquización del poder. Competir para no compartir. Compararse para no cooperar.

Resulta claro que la autoafirmación es parte de todo proceso productivo. Es una definición de nuestras opciones de dirigir in campo energético hacia la cristalización de algo predeterminado por lo que se ha optado frente a diversas alternativas. Sin embargo, la autoafirmación no puede ser un proceso independiente, se encuentra interrelacionada con otro proceso igualmente fecundo, que es el de la cooperación.

La perspectiva de ser un Yo en medio de muchos Tú no nos permite conocer el tipo de nacimiento y muerte como un proceso en movimiento donde interactúen, las muertes, como aniquilación y como parte de un proceso global en continua renovación. Esto es un poco comprensible cuando no se puede poner una distancia frente a las experiencias de pérdida que estamos viviendo, o cuando no podemos concentrarnos en la totalidad de esa experiencia o preocuparnos con un pasado que no olvidamos o un futuro que nos obstaculiza la visión del presente.

El repliegue hacia el interior es una practica generalmente ausente en nuestra disciplina diaria. Existe una saturación de las demandas más inmediatas, que nos impide tener lucidez para comprender que lo que en ese momento vivimos no es un evento azaroso o en discontinuidad con nuestro ser, sino que forma parte del proceso de aprender a romper con el dolor y con el miedo.

La autoafirmación no es limitada por lo que afirma sino por lo que empeña en negar: que somos seres independientes y que nuestras acciones repercutan en la totalidad de esa matriz energética que somos nosotros mismos. Esta "ceguera" de perspectiva integral impide experimentar la identidad ecológica como una vivencia cierta de vivir nuestro cuerpo, nuestro medio y todo lo que nos rodea en su carácter de sagrado.

Es frecuente que se entienda "vivir lo sagrado" como una actitud muy personal que el individuo toma en beneficio de sí mismo. Si bien esto es cierto, vemos que lo sagrado no es posible reducirlo a una elección con beneficios sólo individuales, sino que su ausencia es uno de los síntomas más importantes de nuestra crisis de identidad ecológica en el paulatino proceso de desacralización que se ha efectuado en la cultura occidental.

Spangler90 considera que la crisis contemporánea es una crisis de desacralización originada por la fragmentación que las visiones parciales de la realidad han ocasionado.

La desacralización no comienza en el siglo XVI pero sí adquiere en esos momentos el carácter de definición de toda una cultura que optó por: la secularización de la conciencia, el privilegio del sujeto en el acto del conocimiento, y contemplación de la naturaleza.

La desacralización inicia con la ruptura de la visión unificadora del conocimiento. En la antigua Grecia, religión, filosofía, ciencia, matemáticas, música, medicina, cuerpo, mente, forman una unidad, expresa una síntesis. Para Koestler91, Pitágoras fue el último intento griego por mantener el espíritu de unidad en el conocimiento. La búsqueda de la sabiduría era el descubrimiento de las proporciones en la realidad y no el establecimiento de territorios de conocimiento fragmentarios e independientes. La clave de la realidad es la proporción en la cual se incorpora al espíritu como una característica de la realidad, sinónimo de la existencia de un equilibrio y un orden en el universo. Para Pitágoras, las matemáticas son una expresión simbólica de la presencia del espíritu en el mundo, y el conocimiento un medio para comprender y fusionarse con esta totalidad plana e interactuante.



87Morris Berman, El reencantamiento del mundo, Cuatro Vientos.
88Fritjof Capra, El punto crucial, Imagen.
89Rupert Sheldrake, Una nueva conciencia de la vida, Kairós.
90Spangler, Emergencia, Sepan más.
91Koestler, Los sonámbulos, FCE.



En Grecia no sólo ocurre esta propuesta integradora, sino que también se dan las primeras encisiones o desacralizaciones. El divorcio entre fe y razón, naturalismo y espiritualismo, materia y razón, representan el surgimiento de las dualidades insuperables. Es en este ámbito donde el descubrimiento deja de ser una propuesta de orden para transformarse en una apropiación objetiva de la realidad. De este modo, la intuición primigenia del ser humano acerca de la interrelación del todo se ve empañada por una conciencia que insiste en escindir, separar y romper con la unidad original.

A pesar de que el dualismo es un enfoque que caracteriza a la cultura occidental, cuya definición se acuña en la Grecia de Platón y Aristóteles, no se pueden olvidar las propuestas integracionistas. Tampoco se puede prescindir de San Agustín, quien considera la fe no como una creencia irracional, sino como la asunción de un camino para obtener claridad. Sus consignas son apasionadas y apasionantes: creer para comprender y comprender para creer. Buscar la verdad que no sólo satisface la mente, sino que colma el corazón. En San Agustín la búsqueda de la verdad no es un método sino algo mucho más complejo y maravilloso, es un itinerario espiritual. Lo espiritual es un sexto sentido, es una brújula, una experiencia íntima, un tesoro vital, una creencia amante activa, apasionada y explosiva que impele a postular valores. Es esta pasión la que permite que brote la luz de la inteligencia. Es esa luz la que dota de inteligibilidad a las cosas. Es esta la luz interior la que nos conecta con las certezas y con la experiencia evidente de que pertenecemos a un todo armónico y perfecto.

Hablar de la relación del sujeto en términos de luz y resplandor se acerca a lo que podría entenderse como identidad ecológica proveniente no de una argumentación racional, sino de una experiencia interna profunda de luminosidad. Huxley92 se refiere a las experiencias visionarias en términos de iluminación. Se pregunta: ¿Por qué son preciosas las piedras preciosas? Le parece extraño que tan enorme cantidad de energía haya sido empleada en la colección de piedras preciosas. Su respuesta es de lo más sugerente. Invita a pensar que las piedras preciosas lo son porque hacen recordar de alguna manera algo que ya existe en nuestra mente. Algo que a veces puede ser observado momentáneamente de manera consciente y de lo cual todos somos, de una manera oscura, conscientes a nivel inconsciente. El arte de cortar diamantes consiste en hacerlos tan brillantes como sea posible. Hacer que desde dentro muestren la mayor cantidad de fuego. Todas las piedras preciosas son fuego cristalizado.

Para William Blake los niños tienen la capacidad de vivir en una especie de mundo de visiones. Ellos ven tanto fuera como dentro de este mundo luminoso transfigurado. Por el sistema de educación analítica y conceptual los niños pierden la capacidad de ver este otro mundo. Mientras se les enseña a utilizar palabras y conceptos se arrasa este otro mundo de belleza y realidad superior.

Estas perspectivas que enfocan la importancia de una razón apasionada , de una razón dignificada por la búsqueda amorosa de integración, de una razón que parte no del caos, sino de la certidumbre del orden, nos obligan a redefinir la respuesta sobre ¿qué es la identidad ecológica? De un modo esperanzador.

Sabiduría integral.

La propuesta de una sabiduría integral en el hombre y la naturaleza debe ser un punto de partida tanto para el orden ontológico como para el epistemológico.

En el terreno de lo ontológico, son los hombres de ciencia, admirados y comprometidos con su objeto de estudio, quienes constatan que el caos es una expresión necesaria en el devenir de las cosas, por lo que el orden no puede definirse como ausencia total de desarmonía, sino como un movimiento energético en el que conviven y coexisten los contrarios.

En ellos, admitir un orden en la naturaleza no es producto de una lógica racional, sino de una intuición que ilumina el ejercicio de una actividad, para poner en palabras lo que previamente se intuyó. La frase de Einstein "Dios no juega con los dados" ejemplifica una certeza de orden en el cosmos, que le permitió una base clara e inamovible para que su talento genial incursionara en los peligrosos terrenos de la relatividad, sin dogmas, sin miedos, sin apego a las estructuras monolíticas del saber.

Estas intuiciones también están presentes en algunos de aquellos que dedican su vida a acompañar la enfermedad, las pérdidas, el dolor y la desesperación. Cuando encontramos una persona que como terapeuta posee una sensibilidad fina y delicada, hemos localizado a quien permitirá el redescubrimiento de nuestro curador interno y el reconocimiento de nuestra propia sabiduría, que nos guiará para ser los verdaderos terapeutas de nuestra salud. Sin embargo, necesitamos del médico, del consejero, del amigo, para acercarnos a la sabiduría interior.

Es frecuente que se olvide el origen de la palabra terapia: su raíz viene del griego therapeia , que significa hacer el trabajo de Dios.

Cuando se considera terapeuta al especialista que devuelve k salud, la paz, la armonía, estamos olvidando la existencia de una inteligencia supervisora interna que gobierna todos nuestros cambios. El diagnóstico de esta actitud es el adormecimiento de una conciencia para reconocer una sabiduría inconsciente que siempre actúa en forma correcta, si no interferimos con ella a través de nuestros temores, miedos y prejuicios, obstaculizando una dirección plena de sabiduría.

El problema de toda enfermedad es básicamente el de comprender los códigos con que los síntomas nos están expresando el olvido en que tenemos a nuestro ser interior. Nos están hablando de la ruptura de la comunicación con lo sagrado de nuestro medio. La enfermedad es un llamado a la propia responsabilidad, para recordar quiénes somos y cuáles son las acciones que requerimos para volver a nuestro camino de paz y creatividad.

En el libro El médico interior93, se nos dice que la enfermedad muestra cómo nuestro sistema inmunológico ha perdido la brújula para reconocer la presencia de factores dañinos y agresores a nuestra salud.

A principios de siglo se consideraba que el sistema inmunológico se localizaba en ciertas partes del cuerpo, y que actuaba automáticamente ante la presencia de enfermedad o infección. Se creía que este sistema automático podía discriminar entra las células propias del cuerpo y las extrañas a él. Que tenía una memoria bioquímica que permitía reconocer y diferencias las células extrañas de las propias. En 1935, Walter Cannon descubrió que el funcionamiento del sistema inmunológico distaba mucho de un modelo mecanicista de reconocimiento y ataque, y que la homeostasis no depende de un órgano o células, sino de un sistema completo. Los aspectos afectivos y emocionales ejercen un papel fundamental dentro del sistema inmunológico, ya que el miedo, la tristeza o el enojo actúan directamente sobre su capacidad de defensa. Es pues claro que el sistema inmunológico no es autónomo, sino que funciona en estrecha relación con nuestros estados de anímicos.

El sistema inmunológico es una especie de sexto sentido, es un órgano sensorial con una profunda sabiduría interna, que puede dejar de operar cuando viene el agotamiento, ante exigencias excesivas, cuando nos sentimos merecedores de la salud, o aun cuando la rabia lleva a conmocionar al sistema de defensa completo.

Freud comprendió la estrecha relación entre mente y soma a partir de una experiencia clínica. Se negó a reducir los síntomas de la conducta individual y social a un conjunto de respuestas físico-químicas del organismo, no por lo verdadero que haya en esto, sino por lo insuficiente para comprender la complejidad de las relaciones humanas como la angustia, el dolor o la experiencia de ausencia de sentido en la vida.

Freud fue un investigador valiente cuya genialidad consistió en atreverse a enfrentar las condiciones límite y de frontera en los distintos niveles de la realidad sicosocial. Descubrió que no hay diferencia cualitativa entre la salud y la enfermedad mental; que los instintos son un filo, un lindero entre cuerpo y psique, que el inconsciente no es un recuerdo estático reprimido, sino un recuerdo dinámico reprimido que actúa constantemente sobre nosotros, por lo que en el cuerpo hay psique y en la psique hay cuerpo.

Groddek94, discípulo querido y admirado por su maestro Freud va más allá de las intuiciones freudianas, pues parte del camino que éstas abrieron para entender la existencia de un inconsciente en nuestras vidas. Freud tuvo miedo de los rumbos que el término inconsciente tomaba en las afirmaciones de su seguidor más querido. Para Groddek, la distinción entre cuerpo y alma es sólo nominal y no esencial. Es en el Ello (término que posteriormente retoma Freud para hablar de los impulsos) donde se encierra una fuerza para la que vivimos, mientras que creemos que somos nosotros quienes vivimos. El Ello configura lo mismo la nariz que los pensamientos, los sentimientos y las enfermedades.



92Huxley, La experiencia mística, Kairós.
93Huxley, El médico interior.
94Groddek, Correspondencia, Anagrama



Para Freud el inconsciente es una mediación entre lo corporal y lo anímico, mientras que para Groddek es un constitutivo corpóreo-espiritual: una realidad donde está inscrita una profunda sabiduría. Es decir que mientras para el maestro el inconsciente era una realidad fenoménica, para el discípulo era la representación de una sabiduría interna, que por supuesto suponía enlazada e interconectada con la sabiduría cósmica. Freud consideraba esta propuesta como una afirmación que rayaba en el misticismo, y recomendaba a Groddeck cuidarse de esta exaltación poética que podía alejarlo del terreno de la ciencia.

Jung, otro discípulo de Freud quien a diferencia de Groddeck, no fue consecuentado por su maestro, sino que recibió toda la furia de un Freud que se sintió traicionado en sus teorías, también intuyó una realidad global del inconsciente; el inconsciente colectivo. Su propuesta representa una revolución respecto de la concepción mecanicista del espacio-tiempo interpretadas con una lógica lineal del pasado-presente y el futuro.

Jung fue tachado de loco por intuir la presencia la presencia de sincronías e interrelaciones en los eventos, que no es posible entender bajo una óptica limitada de causa y efecto.

Wilheim Reich también fue condenado por Freud al hablar del inconsciente como un flujo de energía, lo que va más allá de la concepción freudiana de catexias-contracatexias, investidura energética o reacción y contrareacción, que el fisicalismo recalcitrante había heredado al sicoanálisis. Reich propuso que las emociones dibujan, forman, conforman el cuerpo, y que en el cuerpo recuerda, se preserva, se almacena el inconsciente. Reich dijo: "pongan las manos sobre el cuerpo y habrán puesto sus manos en el inconsciente". El inconsciente, según esta teoría, se encuentra en la energía biológica del cuerpo, y no en el discurso racional. Para Reich, el cuerpo es víctima de nuestras represiones inconscientes y fuente inagotable de verdad y sabiduría.

En este siglo ya comienza a reconocerse que los procesos en la naturaleza no son interdependientes sino que están interconectados, y que pasa entender esto hay que romper con un modelo lineal del comportamiento que nos impide involucrarnos con el flujo natural de la sabiduría integral que somos nosotros mismos y la naturaleza.

Capra95, en el libro que ya mencionamos dice que la esencia misma de la conciencia ecológica es el reconocimiento de la sabiduría integral, inscrita en todas las cosas, que nos lleva a un profundo respeto por las acciones y movimientos que ocurren en la naturaleza. Cualquier espacio de nuestro ambiente natural consta de ecosistemas habitados por un sinfín de organismos que durante miles de años de evolución han utilizado y recuperado las mismas moléculas de tierra, aire y agua. Esta acción de utilizar, reciclar, perfeccionar, generar nuevas realidades, debe explicarse en términos de cooperación con una energía que engloba y rebasa las expresiones inmediatas de esa energía generosa y sabia. Los tiempos de expansión y despliegue de esta energía no pueden comprenderse si se utilizan los parámetros de organización humana, que son de corto plazo y más limitados.

La discrepancia que existe entre las organizaciones humanas y las propias de la naturaleza es entendible , ya que nuestras instituciones se organizan con criterio jerárquico para que pueda sobrevivir la institución misma. El individuo que pertenece a esta forma de organización es considerado como el engranaje de un todo, cuya finalidad es responder a las necesidades de control y orden que una comunidad requiere para solucionar problemas de convivencia .

En el caso de los organismos vivos, la organización para la sobrevivencia no busca conservar sino producir más o, en otros casos, a perfeccionar la organización y a purificarla de la complejidad de los sistemas que se incrementa en la medida en que se cristalizan tanto las potencialidades como la sabiduría implícita en cada una de las partes de los organismos vivos. La consigna en este caso es organizar el desbordamiento natural en todo lo vivo para expresar su condición de ser viviente.

La sabiduría de la naturaleza, enfocada desde el orden epistemológico, debe partir de la premisa de que no se puede reducir la conciencia a la certeza racional de un orden, que el término conciencia debe ampliarse al terreno de lo biológico, donde encontramos la presencia de una inteligencia cuyo origen antecede el desarrollo de un sistema nervioso superior. La materia en tanto organización es espíritu y como espíritu se subjetiva a la materia. Wilber dice en su introducción a la recopilación de artículos sobre el paradigma holográfico96, que cuando se preguntaba a un científico acerca del espíritu, aquél contestaba "por ser científico es que creo en el espíritu".

El paradigma holográfico, que entiende la realidad como un todo interrelacionado donde la parte es una expresión del todo y que está interrelacionado con todo, considera que la materia y el espíritu no son cosas distintas sino dos manifestaciones del mismo proceso dinámico de acrecentamiento de niveles de organización. David Bohm97 relaciona los modelos internos de los individuos. El exterior no es contrario ni ajeno a lo interno, y nuestro interior cristaliza en cada una de las acciones que realizamos respecto al exterior.

La separación tajante entre el adentro y el afuera es una división artificial con respecto a la identidad ecológica que nos impide considerar que el ambiente está provisto de espíritu y que por lo mismo tenemos derecho a explorarlo. La realidad es muy otra. Gea, la Tierra, es un organismo vivo sensible e inteligente que responde con la misma complejidad que tienen los seres humanos en sus interacciones: apertura y entrega, cuando se le trata con la enewrgía del amor; hostilidad y furia frente al maltrato, el encono o la violentación de su procesos; creatividad, fertilidad y salud ante la caricia; la desintegración, inflexibilidad y enfermedad ante el desprecio o la falta de cuidados.

Berman98 asume la postura de una conciencia previa al ejercicio de la razón, en la cual la vida y la conciencia, Eros y Logos son una y la misma cosa. El saberse partícipes de una realidad holística tiene sus orígenes en el propio cuerpo, que se experimenta como una totalidad plenamente involucrada con lo que le rodea.



95Capra, El punto crucial, Imagen.
96Varios, El paradigma holográfico, Kairós.
97David, Bohm, La totalidad es el orden implicado, Kairós
98Morris Berman, El reencantamiento del mundo, Cuatro Vientos.



Describe una experiencia preconsciente de sentimiento oceánico y cósmico con el cual el individuo tiene una verificación fundamental que jamás puede ser extirpada: "Yo soy mi ambiente". Percepción ecológica primaria de la naturaleza que tiene sus raíces en el sustrato biológico, y que por supuesto es anterior a la experiencia del ego o del Yo en el individuo (fase cósmica anónima de la niñez). Cita a Newmann, para quien la superficie del cuerpo con sus zonas erógenas es el principal escenario en la experiencia del niño, tanto en sí mismo como de los demás. Es decir, que en la piel se define una experiencia de totalidad en la que el sí mismo y el otro se fusionan para obtener un conocimiento que va más allá de los límites entre el Yo y el Tú.

Conocer desde la piel incita a la evocación del otro para que se una a nuestro fluido vital, a nuestro camino y a nuestro recorrido. No sólo la piel invoca, la naturaleza también nos llama a seguirla en el libre curso de sus fuerzas.

La visión holográfica, como una postura epistemológica que propone una visión unitaria y una crítica a la fragmentación del conocimiento, surge en los años ochenta, cuando las consecuencias de la teoría de la relatividad de Einstein y las aportaciones de la física cuántica dan un ángulo de observación que pone en entredicho la aplicación indiscriminada de los principios de causalidad a todos los fenómenos que aparecen en la naturaleza. Nos confronta con los límites de toda interpretación, lo cual presupone que la dinámica de los sistemas abiertos es similar o parecida a la que presentan los sistemas cerrados para la entrada y salida de energía.

Descartes no sólo es el padre de la filosofía y la ciencia modernas, sino también el origen de una actitud hacia el conocimiento cuya premisa epistemológica es fragmentar para conocer.

Su división entre res extensa y res logitans, cuerpo y pensamiento, sujeto y objeto, es una propuesta tajante que lo lleva a considerar que el método y la tajante que lo lleva a considerar que el método y la óptica necesarios para conocer la realidad son:

a) Reducir lo complejo a sus componentes más simples; y

b) establecer la radical separación entre cuerpo y mente.

Para Descartes el cuerpo es un sistema complejo cuyas funciones deben reducirse a sus mecanismos activos últimos; las funciones a sus órganos, los órganos a sus tejidos, los tejidos a sus células, y los fragmentos celulares a los componentes físico-químicos de las moléculas.

Koire99 explica que el método analítico de reducir lo complejo a lo simple tuvo éxito por las posibilidades de control y poder sobre la naturaleza que supone. Adquirir poder exige el divorcio del mundo del valor con el mundo de los hechos.

En el terreno de la salud, entendida en su enfoque ecológico o integral, las consecuencias de la visión fragmentaria anteriormente señalada son las de considerar la enfermedad como un problema técnico y la terapia como una manipulación mecánica de objetos definidos: extirpar, sustituir partes del cuerpo y sacrificar la expresión de procesos naturales con fines de control. El criterio base es el de la eficacia de la medicina para reintegrar rápidamente al enfermo a su hábitat y a sus responsabilidades en el todo social.

Los adelantos en la investigación sobre la patología y el cuerpo se han dirigido hacia el conocimiento preciso de la etiología de la enfermedad. Se circunscribe ésta a un problema de comportamiento de virus y bacterias, que ha conducido a la búsqueda de vacunas y antibióticos.

No puede negarse que se han resuelto epidemias y muertes provocadas por no controlar infecciones; sin embargo han aumentado los problemas de salud cuyas repercusiones sociales son mayores, al requerirse de adelantos tecnológicos y antibióticos cada vez más complejos para atender los problemas de salud de las comunidades.

Hemos olvidado nuestro entorno natural para incluirlo dentro de nuestras opciones de salud. Lo mismo ocurre con nuestra capacidad de involucrarnos con nuestro cuerpo para llegar al conocimiento de lo que éste demanda y necesita.

La sabiduría integral se puede definir en su sentido profundo como el reconocimiento de que cada una de nuestras acciones particulares repercuten en la totalidad del ecosistema, y que oikos es un término acertado para expresar la existencia de una inteligencia presente en la naturaleza, que tenemos que aprender a leer y a escuchar.

Identidad y agradecimiento.

En Occidente resulta difícil experimentar la unidad de la vida, por las limitaciones de nuestras capacidades efectivas para asimilar los ciclos de cambio y transformación; por temor al ciclo de la vida y de la muerte y por la pérdida frecuente del sentido del ciclo de nacimiento y terminación.

En Oriente, la experiencia de unidad se debe a la comprensión de la muerte como parte de un movimiento de transformación y perfeccionamiento de todo lo vivo, y no en el sentido de aniquilamiento. Para ellos energía es conciencia y la conciencia energía cuyo movimiento se encamina hacia la cristalización cada vez más clara de la unidad entre ser-sentir-pensar a través del amor.

El sujeto es una energía que al morir no termina. Vuelve a nacer para completar su proceso de realización, que consiste en experimentarse y saberse como una totalidad plenamente amorosa. Rompe con las dualidades que son falsas y éstas se comprenden como manifestaciones diferenciadas de la unidad. Por ello, la destrucción es movimiento necesario de ruptura con el apego a los sentimientos de dolor y con la ignorancia de que la completud del ser la tenemos desde ya y para siempre en nosotros mismos.

La muerte, la terminación de relaciones, las pérdidas efectivas son movimientos de un impulso energético en búsqueda de una resolución. ¿Resolver qué? Tomar conciencia de que lo que queremos encontrar afuera (felicidad, amor, dignidad, valía) ya lo poseemos en el interior. El ciclo del nacimiento y la muerte es un proceso donde sucede un continuo renacimiento, hasta llegar a la conciencia plena de que uno es ya la totalidad.

La experiencia de interdependencia e interrelación entre las múltiples manifestaciones de la vida no pueden comprenderse desde nuestros instrumentos racionales, que tienen una limitación en su óptica: observan desde un Yo claramente separado del "otro". Y la conciencia de la interrelación entre todas las cosas sólo puede ser fruto de la intuición o de la experiencia directa y evidente de que Yo y todo lo que me rodea somos una y la misma cosa: energía consciente en movimiento.

Para Maslow100 esta conciencia de interrelación con el todo requiere de una disciplina de diálogo interno con nuestras propias necesidades, capacidades y reacciones constitucionales, temperamentales, anatómicas, fisiológicas y bioquímicas, es decir, con la propia individualidad biológica. Esto conduce a experimentar pertenencia a la especie humana.

Si el mundo occidental, son su paradigma racional, no nos permite ver con claridad la unidad ¿qué podemos hacer?

Capra sugiere cambiar radicalmente muchos aspectos de nuestro estilo de vida derrochador, inspirado en el consumo intensivo de recursos, para mejorar la calidad de nuestra vida.

Sin darnos cuenta, derrochamos y malgastamos continuamente nuestra energía. El desgaste y la explotación de los recursos energéticos es una de las tantas manifestaciones de incomprensión sobre nuestra participación respecto de una energía que se alimenta de la cooperación entre los vivientes, y que pierde su fuerza cuando se dan movimientos de autoafirmación que rompen con la unidad interactuante.

Derrochamos energía al mantener la autocomplacencia con la cual creemos encontrar la felicidad, cuando en realidad nos alejamos de ella, pues nos exige mantener un concepto fijo de nosotros mismos. Por ejemplo, el ideal de belleza, que supone permanecer siempre con la misma textura de piel, con la misma firmeza en los músculos, con iguales formas y la misma flexibilidad de movimientos, dificulta comprender que el envejecimiento o disminución del valor de nuestro cuerpo, no es una pérdida, sino un proceso en el que el cuerpo se repliega hacia su interior para adquirir un conocimiento de ellos mismo, de su dignidad y fuerza. Pero esto es parte de un proceso que culmina con el respeto a un cuerpo que ya no necesita de tal exterioridad, pues a través de la experiencia ha adquirido la certeza de su valía mediante un continuo dar y recibir.

En el mismo sentido, la posesión de bienes, ideas, objetos, reconocimientos, etc. son etapas necesarias para gestar en nosotros una experiencia de bienestar. Sin embargo, estas posesiones se convierten en estructuras rígidas cuando no podemos incorporarnos al fluir liberador de la plenitud en nosotros mismos.

El estatismo en las ideas son dogmas que se construyen sobre algún descubrimiento hecho en un momento dado sobre la realidad. Al convertirnos en esclavos de ese descubrimiento se invierte la posesión: ya no poseemos ideas; las ideas nos poseen a nosotros. Por el contrario, la disposición a explorar estimula la vitalidad.

Para muchos poetas visionarios, místicos y hombres sensibles, la experiencia de equilibro no parte de una interpretación racional de los acontecimientos, sino del sentido de agradecimiento. Para Milliam Blake, "la gratitud es el paraíso mismo". Agradecemos cuando hay una emanación interna de felicidad incontrolable, ante la certeza iluminadora de ser uno con el todo.

Cuando surge en nosotros la experiencia profunda de gratitud, adquirimos una responsabilidad muy distinta a la de la simple asunción de un rol dentro de un grupo. Cuando la responsabilidad surge del agradecimiento, nos sentimos no sólo obligados, sino comprometidos, (con-promesa) frente a nuestros afectos, nuestras acciones, nuestro sentido de vida.

Para el hinduismo, la conciencia cósmica es una experiencia vivencial de ser energía que nos lleva a cuatro actitudes:

a) Compasión.
b) perdón
c) verdad, y
d) contentamiento.

El dharma101 es el camino hacia la verdad que tomamos para realizar nuestro ser, y que requiere de las cuatro características antes mencionadas, como actitudes vitales para conectarnos con un auténtico agradecimiento con la existencia. Así pues, el dharma responde a la pregunta por nuestro punto en el mismo cosmos y nuestro lugar y responsabilidad en el proceso de concientización de la energía.

Ferguson102 concibe que en una actitud ecológica más profunda que la simple protección del ambiente, más que imaginar un escenario de los muchos futuros posibles, de lo que se trata es de asumir una responsabilidad. Esto es importante resaltarlo, ya que se confía no en la capacidad humana para proyectar un futuro, sino en la capacidad humana para respetar el fluido natural del Todo en sus cristalizaciones particulares.



99Koire, Del mundo cerrado al universo infinito.
100Maslow, El hombre autorrealizado, Kairós.
101Swami Muktananda, La relación perfecta,Fundación SIDA.
102Ferguson, La conspiración de acuario, Kairós.



En Oriente, el principio de la no acción se fundamenta en la aceptación de que los acontecimientos siguen un curso naturalmente sabio y que la sabiduría consiste en no interferir con ellos, y descarta la premisa de la inmovilidad o el sometimiento. La sabiduría es comprendida como alegría gozosa, desbordamiento, actuar en sincronía, en sintonía con el Todo.

La espiritualidad es la propuesta de un paradigma de conciencia-identidad ecológica que surge a partir de una evidencia: la armonía en el cosmos no tiene causas mecánicas: está hecha de interrelaciones complejas, y el respeto incondicional a los hechos es una actitud liberadora de los deseos de autoafirmación, de dominio o de poder. Tal espontaneidad significa involucramiento, es el compromiso más profundo con lo que somos y para lo que estamos.

Castro, Ma. Luisa.
"Identidad ecológica" en Alteridades.
Año 1, núm. 2, 1991, pp.74-85.

Tópicos para la reflexión

  • Explica las razones por las que, según se establece en la lectura, en la civilización occidental se da una oposición entre la autoafirmación y la cooperación.
  • Explica cómo el establecimiento de territorios de conocimientos fragmentarios e independientes han llevado al ser humano a sentirse ajeno a la naturaleza.
  • Define con tus propias palabras cuál sería esta sabiduría integral que podría acercarnos a la naturaleza.
  • ¿A qué se refiere la autora cuando afirma que tenemos que aprender a leer y escuchar a la naturaleza?
¿Cuál es la diferencia fundamental entre los programas de protección del ambiente y el desarrollo de una actitud ecológica?

El Respeto al Medio Ambiente




 

UNIDAD 4-Lectura 8

El respeto al medio ambiente
 
Gil, Ramón.
Valores humanos y desarrollo personal.
Tutorías de educación secundaria y escuelas de padres.

Ed. Escuela Española, Madrid, 1998, pp.284

CAPÍTULO VII

"Cada día estamos eliminando diez especies de seres vivientes que son una biblioteca de saber acumulado de millones de años por la tierra.
El sistema de la biosfera está gravemente enfermo porque hay una quimicalización de todas las relaciones de alimentación, una contaminación del suelo y del subsuelo, del aire...; a tal punto que el equilibrio dinámico de esta realidad sistémica que todo incluye -que es la tierra- puede quebrarse con la victimación de millones y millones de personas e, incluso, con riesgo de imposibilitar la biosfera".

(Leonardo Boff, 1996, Tiempo de hablar; n° 66)

La reflexión sobre la ecología y el ser humano que exponemos a continuación es fundamentalmente una síntesis y adaptación de los trabajos realizados por E. Alburquerque (1990) Y por el movimiento ecologista (Documentación Social n° 38), sobre los que hemos profundizado a lo largo de estos últimos cursos en las clases de ética con alumnos de Bachillerato y en Escuelas de Padres.

En los últimos años, quizá ante la degradación galopante, está despertando una responsabilidad ecológica, una mayor conciencia de respeto al ambiente, a la naturaleza, al entorno. Progresivamente ha ido surgiendo una pedagogía del medio ambiente. Es realmente algo necesario. Porque el sistema de crecimiento de nuestra era tecnológica pone en peligro hasta el mismo entorno humano. Lo amenaza, agota y devasta. Son muchas las voces y los grupos humanos que se alzan hoy proclamando el peligro de destrucción de la naturaleza que aflige a la humanidad. Esto constituye ya de por sí un objetivo suficientemente importante también desde el punto de vista ético.

El ecologismo es algo más que una moda reciente. Para las personas más sensibles se ha convertido en una tarea. Para los educadores esta sensibilidad no puede estar ausente de sus proyectos y realizaciones.

1. CRISIS ECOLÓGICA

En muchos países el problema ecológico se ha convertido en la cuestión ética primaria. Esta sensibilidad se debe a las graves consecuencias ocasionadas por el desarrollo industrial al medio ambiente.

Ciertamente, la aplicación indiscriminada de los adelantos científicos y tecnológicos constituye el primer elemento para la reflexión. Por una parte, es evidente que muchos de estos adelantos y descubrimientos han producido grandes beneficios a la humanidad. Pero, por otra parte, se están constatando también gravísimos efectos negativos. El crecimiento industrial, las grandes concentraciones urbanas, el consumo energético, están generando la disminución de la capa de ozono. Residuos industriales, gases, deforestación incontrolada, destrucción de especies animales y vegetales, uso de herbicidas, refrigerantes y propulsores deterioran inevitablemente la atmósfera y el medio ambiente.

Por otra parte, los intereses económicos prevalecen sobre la dignidad y el bien de la persona. En nombre del progreso se manipula y altera gravemente la naturaleza y se provoca, en realidad, un progreso que es desequilibrio, contaminación y destrucción. En el fondo, los desequilibrios ecológicos conculcan el respeto y la calidad de vida humana, y expresan la avidez y egoísmo de los hombres.

Así pues, la crisis ecológica es el signo de uno de los grandes problemas morales actuales. Pero su dimensión ética no termina aquí. Implica también una llamada a la responsabilidad, a la formación de una conciencia ecológica.

2. EDUCAR LA CONCIENCIA ECOLÓGICA

La dimensión ética de la ecología postula la promoción de una conciencia ecológica. Educativamente es preciso favorecerla para que su desarrollo y crecimiento llegue a programas e iniciativas concretos. Hoy son muchos los movimientos y asociaciones que levantan la bandera del ecologismo. Es cierto que, con frecuencia, van unidos a ambigüedades y contradicciones vitales, a corrientes ideológicas o a partidos políticos. Todo esto habla de la necesidad de un discernimiento crítico, pero no de repulsa o rechazo. Porque el ecologismo constituye una alarma radical, un movimiento social, una llamada de atención sobre el futuro del hombre contra el insensato suicidio colectivo. Suscitar y educar esta conciencia ecológica es la orientación de fondo que mueve la propuesta de las pautas éticas y educativas que presentamos (Bennassar. 1986).

2.1. El hombre en la naturaleza

El hombre está íntimamente unido a la naturaleza. Está inmerso en ella. Es solidario con su historia y su destino. El hombre está orientado hacia la naturaleza y está llamado a transformarla. Y transformándola es como él mismo se transforma, crece y progresa. No puede realizarse si no es a través de su acción sobre el universo. Y el resultado de esta actuación y transformación no puede ser más que la humanización de la naturaleza. Porque el hombre actúa como hombre y plasma, entonces, su ser de hombre en las cosas.

Todo esto implica perspectivas educativas importantes. Esta vinculación del hombre a la naturaleza postula, ante todo, su conocimiento. La naturaleza tiene que ser conocida para que pueda ser dominada y para que pueda estar al servicio del desarrollo y del progreso humano. Toda pedagogía del medio ambiente comienza por resaltar la importancia del conocimiento. Se trata de adquirir una comprensión profunda del medio ambiente global, de los problemas que le atañen, del papel que desempeña la responsabilidad humana. El conocimiento pasa por el funcionamiento del medio ambiente, por ser conscientes de los atentados que sufre, por la observación de la naturaleza, por la adquisición de toda una serie de conceptos básicos.

No caben entonces actitudes pasivas. El hombre no puede dejarse engullir ni someter por la naturaleza. La naturaleza no puede escapar al control de la libertad del hombre. El hombre primitivo temía las fuerzas de la naturaleza, estaba sometido a ellas, se sentía impotente ante ellas. Pero en esta relación hombre-naturaleza, la primacía le corresponde al hombre. Es él quien tiene el dominio. Una inversión en esta relación fundamental supondría el fracaso y el absurdo. En esta perspectiva la tarea educativa la vemos orientada principalmente en la comprensión del hombre como ser en el mundo y como ser frente al mundo, destacando las actitudes señaladas de conocimiento y dominio (Giolitto, 1984), haciéndolas compatibles con un profundo respeto.

Efectivamente, si el animal es capaz de utilizar la naturaleza y beneficiarse de lo que ella produce, sólo el hombre es capaz de orientarla, dirigirla y transformarla. Producir, fabricar, transformar es la actividad típica del hombre, pero no a cualquier precio.

Y esta tarea transformadora de la naturaleza el hombre la realiza mediante su trabajo. La creatividad y actividad transformadora de la realidad es obra del trabajo del hombre. En esta línea encuentra el educador las motivaciones para destacar el carácter positivo y creador del trabajo humano. Sucede muchas veces que el hombre se aliena en su trabajo. Y, desde un punto de vista ético, la exigencia de que el trabajo llegue a ser realmente capaz de realizar y personalizar, se nos presenta como un objetivo ineludible.

2.2. Actitudes activas y contemplativas

Ante la naturaleza el hombre suele adoptar algunas de las actitudes siguientes: científica, utilitarista, pasiva, activa y responsable, contemplativa.

La actitud científica consiste en la consideración de la naturaleza como objeto de estudio; es algo que hay que conocer y comprender por medio de las ciencias de la naturaleza. Muchas veces esta actitud no llega a vincular ni comprometer a las personas; se sitúan como fuera de la misma naturaleza.

Cabe también situarse ante la naturaleza con una actitud simplemente utilitarista. La naturaleza nos sirve, podemos aprovecharla y disfrutar todas sus posibilidades. La persona se coloca entonces ante la naturaleza como ante un objeto de consumo. Muchas veces esta actitud llega a la degradación de la naturaleza y a verdaderos atentados contra el medio ambiente.

La actitud pasiva mira a la naturaleza con frialdad, quizá con temor, como el hombre primitivo. No importa su transformación ni el sentido que otros den a esta transformación. También aquí la persona se sitúa fuera, distante.

La actitud activa y responsable es la actitud de quien siente la exigencia de que la naturaleza sirva para el crecimiento y el progreso de los hombres; de quien siente la necesidad de transformarla desde una orientación de respeto y responsabilidad.

Y, finalmente, la actitud contemplativa supone una mirada en profundidad. Sólo así es posible captar y admirar su belleza y su grandeza.

La educación moral tiende siempre a suscitar actitudes. Los pedagogos del medio ambiente insisten en la necesidad de desarrollar entre los jóvenes una responsabilidad ecológica, es decir, en suscitar respecto de la naturaleza actitudes activas y responsables; suscitar el interés y la admiración; sensibilizarlos respecto de la naturaleza y de la vida. Esta actitud de responsabilidad comporta, por ejemplo, aprender a "evitar cualquier destrucción o perturbación inútil, a no derrochar las materias primas por negligencia o irreflexión, a utilizar racionalmente los medios técnicos" (Giolitto, 1984: 142-147).

Se trata, en el fondo, de llegar a ofrecer una verdadera "educación ambiental" que afectaría a todas las acciones humanas en relación con el medio ambiente. Contribuiría a abrir y a orientar a los jóvenes "ante los problemas del mundo moderno, los más importantes para su felicidad y para la vida de las especies". Esta educación cívica tiende, como explica la Conferencia Internacional de Tblissi, al establecimiento de un "nuevo orden internacional", fundado en una "atención constante a las necesidades y aspiraciones de los hombres", en el "respeto a los equilibrios fundamentales", la "búsqueda de un crecimiento ordenado" y la "preocupación por respetar de manera equitativa los beneficios del progreso" (Cfr. L 'éducation relative á l'environnement. Les gran des orientations de la Conférence de Tbilissi, Unesco 1980).

Por otra parte, la tarea educativa ha de tender también a despertar la sensibilidad de los jóvenes y a suscitar la capacidad de contemplar y admirar. Se trata de enseñar a mirar, acoger, observar, respetar, proteger, amar, transformar. Y se trata también de admirar y enseñar a contemplar el valor estético de la naturaleza. El contacto con la naturaleza es profundamente regenerador; y la contemplación de su esplendor da paz y serenidad.

2.3. Ecología, progreso y calidad de vida

La responsabilidad ecológica plantea nuevos problemas morales y educativos. Porque es una realidad que la acción transformadora del hombre sobre la naturaleza se realiza muchas veces desde actitudes utilitaristas y depredadoras que no reparan en medios ni en modos. Y resulta entonces que la acción del hombre amenaza a la naturaleza y al mismo hombre.

En esta amenaza concurren múltiples factores: destrucción, maltrato, deterioro, abuso. Ya indicábamos que es importante ayudar a reflexionar sobre los atentados que sufre la naturaleza y el propio entorno. Pero quizá lo verdaderamente importante es llegar a ver qué significa todo esto. Es decir, lo importante es ver quién es el sujeto artífice y responsable y quién es la víctima; ver que es el hombre quien lleva a cabo todo ello y, al mismo tiempo, que también él es la víctima. Todos los deterioros producidos en la naturaleza lo son por el hombre. Y todos los deterioros se vuelven contra el hombre.

En último término, aunque parezca contradictorio, la destrucción de la naturaleza se debe a la dirección y sentido que el hombre da a su desarrollo y progreso. El problema de la destrucción de la naturaleza es el problema de la destrucción del ambiente, del aniquilamiento de las materias primas, de la explosión demográfica. de la contaminación, de la urbanización, de la industrialización. Pero es, sobre todo, el problema del sentido del progreso humano, de la tecnología y de la calidad de vida.

Contaminación, estragos ecológicos, aniquilación, subdesarrollo de millones de hombres todo esto cuestiona la responsabilidad del hombre ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Por qué se obstina el hombre en destruir? ¿Qué es lo que realmente subyace a todos estos fenómenos? ¿A qué se deben?

Es decir, lo importante es la reflexión sobre las actitudes que alientan la vida humana y que orientan la dirección del progreso y la calidad de la vida.

En la raíz, nos encontramos con una concepción de la vida en clave de producir y consumir. Para muchos, lo importante en la vida es tener más: más cosas, más comodidades, más lujo, más dinero... De esta forma, la vida del hombre adquiere una dirección puramente materialista y el hombre queda irremediablemente condenado a ser esclavo de las cosas. El hombre siente sólo la necesidad de tener más, y para ello necesita producir más. Y no se detiene ni ante la violación ecológica, la contaminación o el deterioro de la atmósfera. La fiebre posesiva y consumista pasa por encima de todo y lo arrasa todo. El mismo desarrollo tecnológico tomará esta dirección.

El consumismo no es más que el fruto maduro del capitalismo individualista. Se busca sólo el propio interés, no el bien de la comunidad, y muchos menos el bien futuro. ¿Qué importa que en el futuro haya o no materias primas suficientes para el consumo? ¿Qué importa el derecho de los demás? ¿Qué importa que los productos que hoy enriquecen amenacen seriamente a muchos hombres? ¿Qué importan incluso la vida de los demás, el hambre de los demás, las condiciones de vida de los demás?

El deterioro del medio ambiente y la destrucción de la naturaleza muestran que el hombre no hace buen uso de la naturaleza. También aquí está en juego la escala de valores. Codicia, deseo de tener, poder, intereses particulares, priman sobre el verdadero desarrollo integral de la persona. No se busca una condición humana, no se buscan los valores y los verdaderos bienes del hombre, de todos los hombres.

Hoy se especula con todo. Desaparecen bosques, zonas verdes, fauna y flora. Surgen ciudades y barrios superpoblados donde hay que soportar condiciones de vida insalubres. Todo ello fruto de la especulación vergonzosa del suelo. ¿Se da cuenta el hombre de los riesgos de estas aglomeraciones humanas? Unas condiciones de vida que favorecen la inseguridad, la neurosis, la violencia, etc.. erosionan la sociedad entera.

En definitiva, la acción del hombre sobre la naturaleza no se puede entender como justificación de estragos, deterioros y atentados que contra ella ha realizado la humanidad. La opción contra la destrucción del medio ambiente es, en último término, la opción por el hombre, por una vida más humana, por una mayor calidad de vida. Y la realización de esta opción constituye uno de los imperativos éticos más importantes.

Porque no importa sólo la posibilidad de una vida en la que estén cubiertas las necesidades básicas, sino una vida de calidad para todos. Y esto implica: mejora del trabajo y de las condiciones laborales, del tiempo libre, humanización de la vida urbana, protección de la naturaleza, adopción de unas condiciones de vida que respondan realmente a la dignidad del hombre, de todos los hombres.

Cuando se habla de calidad de vida, en el fondo se trata de una manera de vivir. En este sentido, entendemos que hay que llegar al reconocimiento y a la convicción de que no nos podemos permitir el lujo de vivir por encima de nuestras posibilidades. El sistema educativo tiene que enseñar y propagar el principio fundamental que tiene que regir las actividades humanas: hay que fomentar las mejoras compatibles con el uso racional de los recursos y, a la luz de este criterio, hay que revisar también el estilo de vida.

De hecho existen grupos humanos de sociedades prósperas en los que el deseo de una vida sencilla en la que simplemente quedan cubiertas las necesidades básicas de la familia o la comunidad, sin romper el equilibrio necesario, orienta realmente toda la vida. Es un nuevo estilo de vida en el que la prosperidad no se cuantifica por el aumento del nivel del tener y del consumo, sino por la sencillez, el servicio, el compartir. La calidad se cifra en un tiempo y un espacio humanos más espontáneos, libres y fraternales.

Desde esta actitud básica, ya no se busca el consumismo que multiplica la posesión de objetos, que se desestiman y desprecian rápidamente y que han de ser sustituidos, multiplicando el despilfarro de materias primas y de energía. Se busca y se valora más el ser que el tener. Y esto no significa ir a una nueva miseria o bajar de un nivel de vida que permita el desarrollo humano.

La calidad de vida pasa de la apetencia de posesión de infinitos objetos al deseo de ser plenamente en las dimensiones profundamente realizadoras de la persona: la educación de la conciencia crítica, la sensibilidad estética y la afectividad madura, que es capaz de darse, de compartir gozo y dolor y de comprometerse activa y solidariamente.

Este estilo de calidad de vida exige alternativas económicas, tecnológicas y energéticas. Y exige, sobre todo, un nuevo talante moral.

2.4. La naturaleza como ambiente educativo

Desde esta perspectiva, la naturaleza puede contemplarse también como un ámbito educativo capaz de devolver a la persona la capacidad de un encuentro consigo misma.

Frente al estrés y la agresividad que crea el entorno urbano, la educación en y por la naturaleza acerca al hombre a lo gratuito y espontáneo. La naturaleza hace posible un encuentro curativo de muchas deficiencias urbanas: vida sencilla y elemental, relajación nerviosa, silencio profundo, armonía y belleza, diálogo espontáneo. Todo esto convierte a la naturaleza en un lugar privilegiado para la educación integral de la persona y en una de las grandes posibilidades que se abren a los hombres en la vida actual.

Las ciudades con sus grandes aglomeraciones humanas han levantado un grueso muro entre nosotros y lo que profundamente somos: naturaleza. Pero este muro no ha podido borrar nuestra realidad, ni ha impedido que sintamos en lo interior el deseo de una armonía más profunda con nosotros mismos, con los demás y con las cosas.

3. LA ALTERNATIVA ECOLOGISTA

Los ecologistas no pretenden elaborar una teoría nueva global y perfecta según la cual deba entenderse una sociedad alternativa. Piensan que la hora de las grandes teorías hace tiempo que pasó. Que los proyectos de vida y de sociedad atados y perfectos en los que todo está previsto y explicado racionalmente son aterradores porque, independientemente del resultado que hayan alcanzado en experiencias pasadas no contemplan, sino más bien anulan, la base de la creatividad y de la imaginación como motor del desarrollo social. Anulan la diversidad, la diferenciación, el derecho a ser diferente. Reivindican la heterogeneidad, base de la complejidad y, por tanto, de la supervivencia, de todo ecosistema.

Frente a la creciente y necesaria, para los sistemas desarrollistas, homogeneización de la sociedad y, por medio de ella, la anulación de las diferencias en función del "necesario" crecimiento cuantitativo, del cuanto más mejor, los ecologistas propugnan el "cuanto mejor, mejor".

Reivindican la calidad frente a la cantidad. No quieren más energía, ni más coches ni más televisores. quieren. simplemente, y por simple quizás olvidado, vivir mejor. Es en este matiz cualitativo donde reside una de las claves del pensamiento ecologista. Mejor no significa más caro, ni más sofisticado, ni más "distinto", mejor significa que sea capaz de satisfacer verdaderamente unas necesidades individual y colectivamente determinadas, no inducidas o simplemente impuestas.

El extraordinario desarrollo de las fuerzas productivas a partir de la revolución industrial y posterior revolución científico-técnica, ha convertido el planeta en un auténtico bazar repleto de utensilios innecesarios para la población y, a su vez, ha necesitado desarrollar unos gigantescos y costosísimos sistemas de propaganda para conseguir crear falsas necesidades.

4. CRÍTICA DEL DESARROLLO BASADO EN EL CRECIMIENTO CUANTITATIVO DE LA PRODUCCIÓN

El Movimiento Ecologista se opone al tipo de "desarrollo" económico que genera la sociedad de consumo. La crítica a este "desarrollo" basado en el crecimiento cuantitativo de la producción (podríamos decir con más propiedad, destrucción) se fundamenta de una forma muy esquemática en los siguientes puntos:

1) El carácter limitado del planeta y el agotamiento, en un plazo más o menos largo, de los recursos no renovables.
2) El carácter explotador y el mantenimiento de unas relaciones de dominio de unos países sobre otros y de unos sectores económicos sobre otros. Es decir, el carácter totalmente desigualitario del sistema que mantiene este tipo de desarrollo.
3) La perpetuación del subdesarrollo, que no es más que la otra cara inseparable del desarrollo. Entre otras cosas es imposible que se llegue, a nivel mundial, a unos consumos estándares equivalentes a los de los países llamados "desarrollados".
4) La falacia de un sistema que propone un modelo a seguir que no es viable ni extensible a nivel mundial.
5) Lo demencial que sería el resultado de la extensión mundial del modelo, que llevaría una destrucción de recursos y a una degradación físicamente insoportable.
6) El carácter ideológico y la mitificación del "progreso", "consumo" y "nivel de vida" que llevan (vía manipulación) a la integración en el sistema de una forma acrítica y a la persecución de unos objetivos colectivamente inalcanzables.
7) Así, mientras se dedican cada vez mayores recursos humanos y naturales a que una serie de países aumenten o mantengan PNB ya elevados, a base de fabricar superfluos instrumentos de consumo e infernales instrumentos bélicos, la mayor parte de la población mundial pasa hambre y países como el nuestro se permiten el lujo de abandonar el sector agrario.

5. DEL NIVEL DE VIDA A LA CALIDAD DE VIDA

Si por nivel de vida entendemos el grado de participación en el conjunto de bienes materiales, por calidad de vida queremos significar todos aquellos elementos, estados y situaciones de los individuos, que son determinados psicológicamente o, lo que es lo mismo, la satisfacción de las necesidades emocionales y sociales. Calidad de vida -a la que sólo se tiene acceso una vez superado un mínimo de condiciones de vida que satisfagan colmadamente las necesidades primarias- es, por ejemplo, tener ciudades habitables, poder disfrutar de un paisaje, tener una vida de relación, gozar de tiempo libre, capacidad de actividades creativas, no encontrar un medio ambiente enrarecido, etc.

En general, se puede decir que en las áreas de opulencia, el nivel de vida ha aumentado, pero la calidad de vida va en disminución.
Queda claro que la alternativa, posible y necesaria, es aquella que consigue satisfacer las necesidades primarias y que, a partir de ahí, debe dar mayor prioridad a la calidad de vida, o adoptar la opción político-social y económica que impida que la calidad de vida se degrade.

Uno de los grandes retos de nuestro inmediato futuro es el de conseguir el desarrollo, pero entendido no sólo en el aspecto material -de ese modo sólo podremos hablar de crecimiento económico o modernización, pero no de auténtico desarrollo- sino también teniendo en cuenta las necesidades emocionales y sociales. Una alternativa que mantenga y procure los medios para elevar la calidad de vida en todos sus aspectos. Todo lo cual será imposible sin actitudes de austeridad que desemboquen en una solidaridad universal.

6. ¿QUÉ PODEMOS HACER?

Es preciso que abramos los ojos y conozcamos, valoremos y cuidemos el medio ambiente y la calidad de vida (Conill y otros, 1996:128):

¿Y si todos actuáramos así... ?

l. Piensa que la calidad de vida no consiste sólo en consumir cuanto más mejor.
2. Colabora con el reciclaje (presiona para que tu Ayuntamiento también lo haga). Evita bolsas y botellas de plástico y reutiliza las bolsas de papel y los envases de vidrio. Recuerda: no arrojes basura al suelo (tampoco desde la ventanilla de tu vehículo).
3. Compra sabiamente. Todo lo que hacemos, hasta cuando vamos de compras, está relacionado con el resto del mundo. Eligiendo sabiamente, los consumidores tenemos el inmenso poder de hacer que los fabricantes ofrezcan productos menos nocivos para el medio ambiente.
4. Ahorra energía. Usa bombillas y electrodomésticos de bajo consumo.
5. Participa en las campañas de repoblación de árboles y contacta con alguna asociación ecologista.
6. No dejes caer el agua del grifo inútilmente. Por supuesto, mejor la ducha que el baño.
7. Reivindica las energías alternativas (solar, eólica, hidráulica, etc.)
8. Utiliza papel reciclado y escribe por las dos caras.
9. Usa los transportes públicos. Mejor en bici y, si la distancia es corta, a pie.
10. Convence dando ejemplo... Informa y conciencia a tu familia y amistades. Nuestra existencia sólo podrá desarrollarse en plenitud cuando reconozcamos, comprendamos y respetemos el mundo natural que nos rodea. Pues quien respeta el mundo, lo valora y lo ama, respetará también a los seres humanos.

Gil, Ramón.
Valores humanos y desarrollo personal.
Tutorías de educación secundaria y escuelas de padres.

Ed. Escuela Española, Madrid, 1998, pp.284

Tópicos para la reflexión

  • Explica las tres actitudes frente a la naturaleza que te parezcan más relevantes, señala en cada caso su posible origen y sus consecuencias.
  • ¿Por qué la responsabilidad ecológica plantea nuevos problemas morales y educativos?
  • ¿En qué sentido las ideas de desarrollo y progreso pueden ir en demérito de la calidad de vida?
  • ¿Cómo se relacionan la conciencia crítica, la sensibilidad estética y la afectividad con una actitud ecológica?
  • Explica por qué según la lectura los ecologistas reivindican la heterogeneidad, la complejidad y la diversidad.
  • Explica el impacto que a nivel ecológico representa la diferencia entre nivel de vida y calidad de vida.

Bibliografía

Castro, Ma. Luisa. "Identidad ecológica" en Alteridades. Año 1, núm. 2, 1991, pp.74-85

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